Porverdad + Buenismo = Virus letal

Cuando un acontecimiento trágico se presenta de improviso, las personas solemos adoptar dos posturas antagónicas. Una de ellas es hacer caso a lo que dice el famoso refrán español <<coger el toro por los cuernos>>, mientras que la otra es hacer justo lo contrario, es decir <<quitar hierro al asunto>>.

El actual momento histórico que vivimos hace que la mayoría de nosotros nos hayamos decantado por esta segunda línea de comportamiento ante el coronavirus, es decir; quitar hierro al asunto y pensar que ese virus era cosa de otros.

Sin embargo, cuando alguien experto en la materia te aconseja que no cojas el camino fácil sino el difícil, ya que a la larga será este mucho menos trágico, me extraña entonces sobremanera la obstinación y la soberbia de muchos de nuestros dirigentes políticos

En Madrid concretamente, cuando ya había alrededor de 600 infectados y 17 muertos, el gobierno de España presidido por Pedro sánchez alentó participar en la manifestación feminista del 8m, a pesar también de los indicios de peligrosidad de los que ya les venían advirtiendo diferentes médicos y virólogos expertos en la materia. Ciento veinte mil personas salieron en Madrid a la calle ese día, y otros tantos de miles en el resto de las ciudades de España; se juntaron, se abrazaron, se besaron y la lógica nos hace pensar que ese día el virus campo a sus anchas.

La pregunta que yo me hago entonces es la siguiente: ¿Por qué todo un presidente de una nación democrática como la española, así como muchos de sus ministros hicieron caso omiso a las recomendaciones de científicos y médicos expertos en la materia?, ¿Acaso pensaban que ellos mismos, sin prácticamente conocimiento alguno sobre medicina en general, iban a realizar un juicio y un diagnóstico  más acertado sobre la peligrosidad de ese virus que aquellos que habían trabajado en hospitales y laboratorios o de aquellos otros que habían dedicado muchos años de su vida a estudiar el comportamiento de los virus?. La respuesta, por surrealista que parezca es si. Efectivamente, ellos pensaban que su juicio era por lo menos igual de valioso que el de aquellos expertos en la materia.

La siguiente pregunta que me hago entonces es ¿Cómo se ha podido llegar a tal grado de imbecilidad?. y la principal respuesta a esta pregunta la encuentro retomando una de las ideas principales del libro “la rebelión de las masas” del maestro Ortega y gasset.

Me explico: la posverdad si bien es cierto que es un concepto acuñado en el siglo XXI, la esencia de su contenido no es nuevo, sino que ya lo intuyó Ortega y Gasset el siglo pasado en su gran obra maestra que he señalado anteriormente.  En esta nos advertía del advenimiento de una nueva forma de ser y estar en el mundo donde el hombre-masa u hombre mediocre se sentía con plena legitimidad para proclamar como válidas sus ideas, opiniones o juicios por muy mediocres o infundados que estos fuesen. Fue ahí entonces, en la primera mitad del siglo XX, como bien nos recuerda Ortega, donde ese tipo de hombre empezó a rodar. Desde aquel  momento de la historia hasta nuestros días ese tipo de hombre-masa no ha hecho sino perfeccionarse aún más.

La posverdad o exaltación del juicio mediocre se basa, por tanto, en la igualación de  todo juicio u opinión independientemente del esfuerzo o de la disciplina que se haya empleado en conseguirlo.

Atendiendo, así, de esta manera al principio de posverdad imperante, nuestro presidente y sus ministros no hicieron sino comportarse según los usos y costumbres de nuestra actual cultura Occidental. Es decir; alardeando de su desconocimiento sobre un una materia.

El problema es que en esta ocasión la incompetencia o alarde de la mediocridad no produce despidos ni crisis económicas sino la trágica muerte de muchos desafortunados.  

Pero no ha sido solo la posverdad el leit motiv que ha llevado al presidente de españa y a otros dirigentes políticos de muchos países a no escuchar las advertencias de los expertos. La segunda incógnita de la ecuación que está dando como resultado una tragedia mucho mayor de la que podía haber sido es lo que actualmente se conoce como el buenismo. Es decir la idea imperante de intentar eliminar de la vida pública e individual cualquier elemento de la realidad que nos evoque un sintomatologia de pesadez, dureza, fealdad. La sociedad light en la que vivimos está ya perfectamente adaptada a una vida ligera, llena de evocaciones y conceptos suaves.

Palabras como enfermedad, muerte, dolor e incluso otros no tan dramáticas como contención, aislamiento habian sido ya practicamente eliminadas de nuestro vocabulario; eran vocablos demasiado peliagudos como para exponerlos a la sociedad así de repente, sin prepararlos emocionalmente.

Sin embargo este virus nos está demostrando que la sociedad light y sin problemas era una inmensa utopía cuando no una mentira, y de ese sueño estamos ahora despertando.