Modernidad Líquida y Creencias

Si tomamos como referencia la modernidad líquida definida por el recién fallecido Zygmunt Bauman a la luz del concepto de creencias postulado por Ortega y Gasset, comprendemos que la disolución o fragmentación de toda realidad consistente y perdurable no es sino la  quiebra de las creencias que ortega definió como aquel  sustrato vital que da consistencia a nuestro proyecto vital; es decir aquella realidad que sin pensar en ella, contamos con ella como fija, perdurable y consistente.

Para Ortega las creencias constituyen todo el conjunto de “verdades” aceptadas como tal por una sociedad concreta en un momento histórico determinado. Estas verdades son las que permiten avanzar a cada individuo en el radical proyecto de crear su propia vida, de decidir a cada momento lo que van a ser.

Para poder argumentar cada decisión tomada, es decir cada decisión que comprometa nuestra vida, pues no hay decisión que por pequeña que sea en cierta medida no la comprometa, cada uno de nosotros necesita partir de unas verdades previamente aceptadas como tales.  Sin ellas es muy difícil tomar cualquier decisión importante.

La creencias líquidas no son, por tanto, suelo firme en que apoyarnos sino arenas movedizas en las que perdernos, y  una sociedad que se encuentra con semejante fragilidad es una sociedad caracterizada por la provisionalidad de sus decisiones, la inconsistencia de sus pensamientos.

La mayoría de las creencias que antes de la modernidad eran aceptadas como sólidas, con la llegada de estas se convirtieron en líquidas, por tanto inestables.

Creencias como el matrimonio, el valor del trabajo o la responsabilidad, antaño claves en la construcción de un proyecto vital se han convertido ahora en verdades cuestionadas.

Es importante destacar que para  bauman esta inconsistencia líquida de las creencias no eran algo únicamente sobrevenido por unas circunstancias concretas, sino que dicha inconsistencia es a su vez pretendida por el hombre de la modernidad, pues las anhela, las busca y las asume por tanto como creencias.

La ilegitimidad de las creencias se ha convertido para este nuevo hombre moderno en una verdad aceptada, en un pensamiento interiorizado en el que niega dichas creencias, pues dudar de una creencia es el  primer paso para negarla.

Por tanto la sociedad líquida se ha instalado en la creencia de las no creencias, algo sumamente difícil de entender, escurridizo,  inasible, algo tremendamente líquido.

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