El turista-masa

Dentro de unas décadas, cuando la inteligencia artificial y las redes sociales nos hayan vuelto la primera prescindibles y la segunda todavía más estúpidos, los pocos sociólogos o historiadores que existan echarán un vistazo a nuestro momento histórico actual y escribirán que fue ahora cuando se produjo el nacimiento del turista-posmoderno, o lo que es lo mismo, el nacimiento del turista-masa.

Esos futuros descendientes nuestros se preguntarán qué hecho histórico crucial, que momento cultural o que aspecto de la sociología de masas fue el determínate para el surgimiento de dicho turista-masa.

Sacarán tal vez un diagnóstico claro de las circunstancias óptimas que son necesarias para el nacimiento de dicho turista-masa, sin embargo, tal vez, ya sea demasiado tarde y el turista-masa o lo que es lo mismo la masa del turista ya se haya hecho dueña del mundo.

En nuestro momento actual sabemos ya algunas cosas ya de dicho turista-masa. Sabemos que es un ser gregario amante de los movimientos migratorios a gran escala.
Y que se mueve de un lugar a otro no por placer sino por pura mecánica del movimiento, por puro dinamismo corporal. Le gusta ver muchas cosas, tocar muchas cosas, sentir muchas cosas, fotografiar muchas cosas pero lo hace más por la cantidad que por la calidad.

No busca tampoco experiencias profundas sino sucesiones de experiencias, acumulaciones de ellas del mismo modo que un coleccionista de sellos disfruta enseñando su gran colección a todos los invitados.

Al igual que el hombre-masa el turista-masa se siente a sí mismo como un ser perfectamente completado, finiquitado. Aquellos paisajes que ve, aquellos conciertos que oye, aquellos museos que visita no le sirven para descubrirse sino para afianzarse. Piensa que va a la aventura o a descubrirse a sí mismo cuando en realidad solo está siguiendo un guion escrito para afianzar su apaciguamiento existencial a base de novedades repetitivas y de relajación por acumulación.

Es hijo de La era del vacio posmodernista y por tanto disfruta con la homogeneidad de los comercios, de los hoteles e incluso de los países. Si los Antiguos egipcios sentían “horror vacui “o miedo al desierto, al vacío, el hombre-masa siente “horror differens”, o lo que es lo mismo, miedo a lo diferente.

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