El turista-masa

Dentro de unas décadas, cuando la inteligencia artificial y las redes sociales nos hayan vuelto la primera prescindibles y la segunda todavía más estúpidos, los pocos sociólogos o historiadores que existan echarán un vistazo a nuestro momento histórico actual y escribirán que fue ahora cuando se produjo el nacimiento del turista-posmoderno, o lo que es lo mismo, el nacimiento del turista-masa.

Esos futuros descendientes nuestros se preguntarán qué hecho histórico crucial, que momento cultural o que aspecto de la sociología de masas fue el determínate para el surgimiento de dicho turista-masa.

Sacarán tal vez un diagnóstico claro de las circunstancias óptimas que son necesarias para el nacimiento de dicho turista-masa, sin embargo, tal vez, ya sea demasiado tarde y el turista-masa o lo que es lo mismo la masa del turista ya se haya hecho dueña del mundo.

En nuestro momento actual sabemos ya algunas cosas ya de dicho turista-masa. Sabemos que es un ser gregario amante de los movimientos migratorios a gran escala.
Y que se mueve de un lugar a otro no por placer sino por pura mecánica del movimiento, por puro dinamismo corporal. Le gusta ver muchas cosas, tocar muchas cosas, sentir muchas cosas, fotografiar muchas cosas pero lo hace más por la cantidad que por la calidad.

No busca tampoco experiencias profundas sino sucesiones de experiencias, acumulaciones de ellas del mismo modo que un coleccionista de sellos disfruta enseñando su gran colección a todos los invitados.

Al igual que el hombre-masa el turista-masa se siente a sí mismo como un ser perfectamente completado, finiquitado. Aquellos paisajes que ve, aquellos conciertos que oye, aquellos museos que visita no le sirven para descubrirse sino para afianzarse. Piensa que va a la aventura o a descubrirse a sí mismo cuando en realidad solo está siguiendo un guion escrito para afianzar su apaciguamiento existencial a base de novedades repetitivas y de relajación por acumulación.

Es hijo de La era del vacio posmodernista y por tanto disfruta con la homogeneidad de los comercios, de los hoteles e incluso de los países. Si los Antiguos egipcios sentían “horror vacui “o miedo al desierto, al vacío, el hombre-masa siente “horror differens”, o lo que es lo mismo, miedo a lo diferente.

El hombre-masa

En 1930 un filósofo español escribió uno de los libros más destacados e influyentes del pensamiento social y filosófico del siglo XX. El libro se llamó la rebelión de las masas y su autor fue Ortega y Gasset

En la fecha actual en la que nos encontramos, metidos ya de lleno en el siglo XXI, en la era de Internet y con la inteligencia artificial in crescendo resulta sorprendente que un libro tan actual fuese escrito hace más de 80 años.
La barbarie del especialismo está más asentada, el hecho de las aglomeraciones es incuestionable, Europa se ha quedado sin moral, la vida no se dispone hacia ninguna instancia superior y el hombre es hoy más hombre-masa que nunca.

Este último concepto, el del hombre masa, fue el eje en torno al cual gravitaron el resto de ideas en la rebelión de las masas.

Ortega nos presentó a esté nuevo hombre en 1930, pero a diario nos topamos con él. Es este nuestro vecino, nuestro jefe, nuestro compañero de trabajo, nuestra mujer y nuestros hijos.

Ortega le definió como aquella persona que no se exige a sí misma pues encuentra que su ser está totalmente concluido. “para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva.” Un individuo vanidoso que vive inmerso en la provisionalidad.

Si echamos un vistazo a nuestra propia fauna ibérica, dicho hombre masa se nos muestra en su máximo esplendor. Podemos ver sus características en el hombre-hípster encantado de conocerse, pesado en apariencias y ligero de espesor, individuo hecho a base de marcas y de pose, rebosante y orgulloso de inautenticidad.

También podemos apreciar a este en el ultra-deportista repentino que ha descubierto el sentido de la vida poniéndose un traje sin corbata o en aquel otro que luce coche queriéndonos hacer creer que aquel aparato con ruedas es una extensión de su propio ser.

No obstante, dicho hombre masa presenta unas características muy heterogéneas.

En política, lo encuentras bien a la derecha, bien a la izquierda o bien en el centro, aunque en el fondo siempre prefiere posicionarse de perfil. No cree demasiado en Dios pero siente un algo… un no sé qué…un vaya usted a saber, un válgame Dios que también me vale un buda.

En arte le gustan las series televisadas más que a un niño un regaliz y a veces duda entre el Quijote y juego de tronos, aunque al final la extremada delgadez de rocinante le hace decantarse por esta última.

Sin embargo, ser hombre-masa no es fácil, requiere aceptar como verdaderas todas aquellas normas hechas a base de tendencias y de modas. No hace falta mucha reflexión pero cansa y requiere disciplina.

Si algún día, te despiertas y estas pletórico de confianza, orgulloso de quién eres, satisfecho con tu propio ser, radiante de positividad y dispuesto a dar consejos gratis sobre el secreto de la felicidad, míratelo porque tal vez te hayas convertido sin saberlo en un auténtico hombre-masa.